Son estos los momentos en que mi cabeza no deja de pensar, ni mi corazón deja de sentir. Es esta la angustia que me surge al pensar en el pasado, y esta la desesperanza al imaginar el futuro. Soy yo que perdí el rumbo, sos vos el responsable de eso.
Tengo muy claros mis objetivos. Imposibles, pero claros. Incomprensible desde mi punto de ver las cosas, me planteo el mismo problema de siempre. Y vuelvo a sentir a flor de piel lo que me sacaste, todo aquello de lo que me privaste.
Pienso en el miedo. Imagino a la soledad, la observo con una mirada desesperanzada. Bueno, en realidad, la vivo. Sufro la condena generada por mi fragilidad, que me impide seguir adelante y desprenderte completamente de mi ingenua existencia. Respiro, o al menos lo intento.
Te miro, una vez más. Me magnifico con tu belleza y me lamento, una vez más. Ni siquiera pienso en lágrimas: ellas ya saben como manejarse, una vez más. Intento. Fracaso. Desesperanza. Todo, absolutamente todo, una vez más.