El tiempo pasa y puedo darme cuenta de cómo las cosas fueron cambiando. Incluso yo. Porque supe aprender de mis errores, darme cuenta de qué era lo que debía arreglar, y trabajar sobre eso hasta lograr mis objetivos. Aprendí a diferenciar a mis amigos de mis acompañantes, y a encontrarle algo positivo incluso a la mas profunda oscuridad. Supe ver lo positivo de llorar, e incluso encontrar la necesidad de eso.
Aprendí a hablar con la mirada, y a no tener la necesidad de usar las palabras siempre que quisiera comunicar algo. Me dí cuenta de que siempre me basé demaciado en lo que el resto pensaba, oprimiendo lo que pasaba en mí. Me pude alejar de todo aquello que me hacía mal; abriendo y cerrando puertas, sin la ausencia de algún que otro portonazo.
Aprendí a hablar con la mirada, y a no tener la necesidad de usar las palabras siempre que quisiera comunicar algo. Me dí cuenta de que siempre me basé demaciado en lo que el resto pensaba, oprimiendo lo que pasaba en mí. Me pude alejar de todo aquello que me hacía mal; abriendo y cerrando puertas, sin la ausencia de algún que otro portonazo.
Caí, me levanté y seguí caminando por más de que las heridas de ese tropezón doliesen. Reí, lloré y volví a dibujar felicidad en mi rostro. Grité y callé, cada uno en su debido momento. Me encontré a mi misma, o por lo menos es eso lo que estoy intentando.