No escuchamos al corazón, y eso nos afecta. No hacemos caso a sus súplicas, y eso trae consecuencias.
Muchas veces, más bien en la mayoría de nuestras vivencias, apostamos a esto: a callar a nuestro corazón, a dejar que se ahogue en sollozos, mientras nosotros intentamos poner a la vida nuestra mejor sonrisa y acomodar los hechos a lo que "nos conviene". Pero a la larga, eso nos afecta. O peor aún, a veces a la corta.
Por eso es tan importante escucharlo, prestarle atención: para conocer sus necesidades y facilitarle los medios para satisfacerlas; para descubrir sus debilidades y trabajar en sus fortalezas; para determinar la enfermedad y liberarlo de toda secuela.